En la más vulnerable de las horas...
Me permito un momento de alto en el camino del alejamiento parcial de las redes que, entre otras cosas, se debe no sólo a mi carga de trabajo actual, sino porque, ante mi hipersensibilidad, prefiero el contacto con lo cercano y sintónico afectivo, así como momentos de retiro y ausencia de ruido en todas sus manifestaciones, que me aportan higiene de descanso energético, emocional y mental con mayor frecuencia.
Sin embargo, no puedo evitar que caigan - en ocasiones - "pedazos", como los desconchones de una pared a mitad de su arquitectura habitable, cuando suceden eventos en los que están implicadas las vidas de tantos otros, como tú y como yo, con las mismas coyunturas ante su respiración cotidiana, y que hace un par de días dejaron de tomar su última bocanada de un mañana prometido.
Jamás nadie nos va a poder responder por qué un juego de naipes tan aparentemente frívolo se hace llamar "destino", o por qué la gente más humilde y amorosa ha de soportar la más calamitosa pesadumbre de este orbe sobre su cabeza... La técnica astrológica, los egos predichos y "redichos", las disputas del "becerro de oro" anual dirán lo que quieran pero, a la auténtica hora del cara a cara del mundo y su verdad, nada de eso sirve, en un porcentaje reconocible, como para acompañar a otra alma humana o tan siquiera coger una brizna de entereza sostenedora para responder a esa pregunta o decir, con la mano apoyada en nuestro órgano de reverencia, un sincero "lo siento"...
En el momento más límite, en el chirrido más desgarrador y quebradizo de la sangre, cuando todo reloj descuelga sus manillas en el colapso con un metal atravesado, aquel que es mirado por debajo de la "autoritas" es el que se arrastra a levantar cuerpos, a sostener pulsos que pelean por no marcharse a otro lado en la ribera y a guarecer temblores pavorosos ante el estruendo del hilo que ha sido despedazado con tamaña brutalidad.
Qué ufano resuena un hombre cuando pretende que la invocación de su nombre llegue más lejos que su estado ante lo que es y existe mientras dura, no sabemos por cuántas otras vueltas en una morada y carcasa no elegidos... La arena continuará desparramándose por el suelo y permaneceremos en la osadía aguerrida de los dogmas, en los pechos henchidos que nublan la vista de lo que es inferior a la estatura, demasiadas veces obcedados en la defensa de un casi siempre equivocado motivo, a menudo ignorante de la recurrente gran pregunta en las horas claves de un individuo: ¿Qué es lo que realmente importa?
"Hoy es siempre todavía", decía Machado..., pero un "hoy" cansado nadie nos asegura que nos traerá más mañanas ciertos o, tan siquiera, el de los otros con los que no comparto ombligo, pero sí algo más inefable y que nos lleva de nuevo a encontrar un sentido mayor en este viaje, aunque le vayamos dando codazos o asestando coces mientras tanto, porque prevalece antes la armadura del orgullo, pese al óxido claudicado en su inevitable caducidad...
Por los pasajeros del Alvia, por tantos seres anónimos más allá de nuestro percatar y por las cosas fundamentales que, como pobres desgraciados, echamos a perder con la ligereza soberbia de los nuevos Prometeos... Al mismo tiempo, una niña de seis años, adherida a su peluche, con la piel cubierta por las brasas, la suciedad y las lágrimas, se pregunta dónde se han ido papá y mamá sin ella, con un tambaleo a la deriva entre los pedazos de lo que fue y avanzando, a trompicones, por los raíles destartalados de lo que está por venir...
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